Concurso de Poemas
Miguel Hernández
José Antonio Ávila Balaguer
Al Norte de Alicante,
-como buscando altura -
se encuentra el Cementerio,
repleto de laurel.
Los Olmos centenarios
para guardar cordura,
saludan tiernamente
con su dulce vaivén.
Al entrar, si veis tertulia
pasando de las seis,
llegad hasta la esquina
primera de la izquierda,
- veréis a Josefina tejiéndole un jersey -
y si escucháis poemas o versos y romanzas,
y la curiosidad os lleva a ver lo que yo vi,
veréis poetas viejos y amigos de Alicante,
sentados en un corro charlando con Miguel.
Oda de sangre.
Federico amigo mío, en tus libros busco esa tarde de limones,
esa mirada inquieta, inteligente revuelta entre bastidores de
mudos teatros lila, repletos de butacones y niños jugando al
corro.
Esa Granada tuya donde los suspiros de los caballos alientan
varias pasiones rotas por tus gitanos. Esa Granada neoyorkina
donde se rajan los dispensarios.
Unos ojos serpentean
entre la muerte callada,
y el dolor de tu suerte
sale corriendo asustada.
Una navaja con punta
busca corazones gordos
inmensos pero preñados
de sangre brava de los toros.
No lloran y te recuerdan
los ocho que dispararon.
...y tus versos son mi vida
y mi dolor tus lamentos
y unos tiros me retumban
en las iris de los ojos.
Adiós torero de luces
diván de los escenarios
amor de los peces verdes,
y cuatro gatitos pardos.
No lloran y te recuerdan,
........ buscando van sus disparos.
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